CABALGANDO UNICORNIOS



Dejo vagar mi mente adormecida,
como una caracola que, en la arena,
mezclara su sonido con la pena
de no ser por las olas ya mecida.

No comprendo el sentido de esa vida
que arrugó sin piedad mi faz morena;
infeliz, sometida a su condena,
olvidada del mundo y consumida.

Enredada en mi propio desaliento,
desterrados los sueños imposibles,
musito mis plegarias en voz baja;

quisiera, galopando sobre el viento
a lomos de unicornios invisibles,
escapar del temor que me amortaja.





DE ROSAS Y ESPINAS



Aquella tarde radiante
me hallaba cortando rosas,
las más lozanas y hermosas,
las de color más brillante.
Pero después de un instante
la alegría se hizo llanto
pues comprobé con espanto
que un gran dolor me embargaba
ya que la rosa pinchaba
¡Qué pena y qué desencanto!

Miré la sangre en el suelo
con mis lágrimas mezclada;
vi que se pasaba en nada
del júbilo al desconsuelo.
Alcé mis ojos al cielo,
nublados por la humedad,
y pedí por caridad
que en mi efímera existencia,
ante una mala experiencia
sepa hallar serenidad.


HUYENDO HACIA EL PASADO



Hundida y sin delirios de esperanza,

errante va mi mente taciturna

tan lúgubre, tan gris y tan nocturna

que perdió todo atisbo de confianza.


La vida se me pasa en añoranza

con regusto salobre y algo amargo;

intentando evadirme del letargo,

rememoro las horas de bonanza.


Vivo hacia atrás, mi meta es el pasado,

locura de bogar contra corriente,

quiero real aquello que es soñado.


Pero una voz me grita: ¡Sé prudente,

no existe lo que el tiempo se ha llevado...

Vuelve al ahora, vuelve a tu presente!








LLANTO



El rostro el llanto me moja,
languidezco sin remedio
pues sucumbí ante el asedio
de la pena y la congoja.
Esta vida se me antoja
tan vacía y sin sentido
que todo lo que he vivido
y lo que de ella me resta
es una condena impuesta:
¿para sufrir he nacido?

Nada me colma ni llena,
en nada consuelo encuentro
y cuando miro hacia adentro
tan solo vislumbro pena.
¡Virgen de la Macarena,
escucha tú mi plegaria!
Dame la fe necesaria,
borra de mí el desaliento,
que es muy triste el sufrimiento
de esta vida solitaria.