Ayer te recobré
solo por un momento.
Apoyé mi cabeza
blandamente en tu pecho,
tú dijiste una broma,
algo que no recuerdo,
sonreías, alegre,
como solías serlo,
y al instante siguiente
me giré al lado izquierdo,
alargando la mano
para tocar tu cuerpo,
pero no encontré nada,
tan solo estaba el hueco
donde antaño estuviste,
y yo sentí de nuevo
el frío de tu ausencia
y el abrazo del miedo.

