olvidadas las cadenas;
mis argollas son las penas,
tan hondas, de tal calibre
que impiden que mi alma vibre
con las ilusiones de antes.
Angustiosas e inquietantes
son causa de mi zozobra,
mi razón no se recobra,
mis pasos son vacilantes...
Al ver que el tiempo pasa inexorable
llevándose consigo nuestra vida
me siento hundida, triste, hasta culpable,
acongojada, mustia y abatida;
no supe disfrutar de la aventura,
y ya se me hizo tarde, estoy vencida.
En días anodinos, con mesura,
anduve los caminos recelosa,
temiendo transgredir, siempre insegura...
¡Sospecho que vivir es otra cosa!
Oscuro amor, tan desalmado eres
que desdeño tu ingrata compañía:
vete de mí, si dices que me quieres.
Te llevaste mi risa y mi alegría
me has hundido en la lóbrega amargura.
Si pudiera, de ti me alejaría.
Hasta el silbo del aire me murmura
que te deje partir en buena hora
que quedarme contigo ya es locura.
Gime mi corazón y mi alma llora,
no tengo voluntad ni fortaleza,
un veneno me das que me enamora.
Y a pesar del dolor y la tristeza
continúo sujeta a tu albedrío,
aunque consciente soy de mi torpeza
sigo fiel a mi propio desvarío.