Confieso que transito por mi vida
deplorando sentirla tan perdida…
que podría
haber hecho muchas cosas
a las que
nunca opté, por trabajosas.
Mi afición
por paletas y pinceles
jamás trajo
consigo los laureles,
y aunque la
concurrencia es muy escasa
luzco mis
acuarelas en mi casa.
Escribir un
buen libro era mi anhelo
pero no lo
intenté, ¡qué desconsuelo!
porque nunca
me vi capacitada
para hacer
una historia bien hilada.
Quería, de
pequeña, ser pianista,
pues vocación
tenía ya de artista;
es obvio, mi
pasión era el teclado,
sin ser
pianista, está solucionado.
Lo aporreo
fogosa, como loca,
mi sentir,
en poemas desemboca;
no serán ni
famosos ni loados,
sólo por mis
amigos bienamados.
Los libros
me rodean cada día,
lamento que
no son de mi autoría.
Yo demuestro
el amor que les profeso
queriendo
contagiarlo, lo confieso.
El mundo de
ahí afuera es diferente,
materialista
y harto contundente
me siento a
salvo, ebria de poesía
escribiendo feliz, con alegría.
